Más allá de "¡Beeeettyyyyy!"
jueves, 1 de febrero de 2001
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Por Nancy Piñero Vega
De El Nuevo Día
"¡DOCTOR... DOCTOR!", le llama Betty con su voz chillona y entrecortada. Entonces el empresario Armando Mendoza le permite entrar a su oficina y le da unos instantes para expresarse; pocos, porque este señor es un jefe impaciente, egoísta y gritón.
A Jorge Enrique Abello le toca dar vida a ese personaje, el protagónico masculino, de Yo soy Betty, la fea. Se trata pues de encarnar a un hombre que sabe lo que quiere: un ser extremadamente seguro de sí, al punto del orgullo y la sobrestimación de sus capacidades. Pero ¿cómo es el actor que le presta cara y figura al principal jerarca de Ecomoda? Espectáculos conversó con Jorge Enrique Abello ayer, durante uno de esos raros días de descanso en la grabación de Yo soy Betty, la fea.
¿En qué te identificas con Armando Mendoza?
En nada. Somos dos personas totalmente diferentes. Le he brindado toda la posibilidad para que viva, le he intentado impartir verdad. Pero sus valores, la forma de abrirse en el mundo, su concepto de la realidad y el modo que utiliza para manejar el orgullo y la vanidad, nada tienen que ver conmigo. Además, jamás gritaría como ese señor. Tendría que estar loco...
Estudiaste comunicaciones. ¿Cómo el comunicador social se va convirtiendo en actor?
Las comunicaciones me han ayudado en mi trabajo como actor, pero lo cierto es que empecé a actuar desde los ocho años. A los 17, ya había intervenido en varias obras. Mis estudios de comunicación no se dirigían a convertirme en un teórico o un periodista, sino a apoyar trabajos en cine y en producción educativa. He trabajado mucho detrás de las cámaras, como asistente de producción. Entre las ramas de la comunicación, prefiero la producción y la dirección. Pero igualmente la actuación me apasiona. De modo que se me hace difícil escoger qué es lo que más me gusta.
¿Cómo tus trabajos en el área de producción han contribuido a tu faceta de actor?
Me han permitido entender cabalmente el trabajo de los que se encuentran detrás de las cámaras. Me puedo comunicar perfectamente con el personal técnico y colaborar para construir cosas en conjunto, a partir de sus inquietudes. Pero no se trata de un ingrediente que haya integrado, por ejemplo, a mi labor como actor en la novela. Puedo haber trabajado como director, pero cuando participas como actor debes someterte: dejarte dirigir. "Donde manda capitán, no manda marinero". Entonces debes dejar tu papel de director: no pensar en la puesta en escena, ni en el ritmo, ni sobre los "ponches" del "switcher". Es que si no, te enredas. En ese sentido, trata de dejar mucho de ese conocimiento atrás. Aunque eso no quite que sepa cómo pararme y jugar con las cámaras.
A raíz del trabajo en la novela, ¿ha cambiado tu visión sobre las feas?
(SE RIE) Claro. A la novela llegué con una serie de ideas, pero el trabajo me ha dado la oportunidad de reflexionar más sobre el tema. No es que haya cambiado brutalmente mi visión, pero nunca había confrontado de una manera tan fuerte el asunto. Muchas veces ocurre que, por uno estar tan metido en sí, ignora cómo se sienten los otros. En ese sentido, la novela ha sido importante, establece unas guías justas de vida. Betty ha permitido saber quiénes son los otros (los feos) y cómo sienten. En esa medida, a mí sí me ha cambiado la visión... aunque no era de los que decía "¡una fea, guácala!". No era radical, pero es verdad que ahora analizo el asunto desde un punto de vista más humanizado.
¿Qué ingredientes posee "Betty" que le han permitido conquistar a un público tan diverso culturalmente?
Tiene un 35 por ciento de buen trabajo de producción, casting, director, escritor y un buen lanzamiento. Por otro lado, otro 35 por ciento que pertenece a lo incierto. Porque no sabemos si fue el momento en que salió la novela, o la suerte... algo del azar que "se nos dio". Y un 30 por ciento, que es el más importante... descansa en que todos sabemos que tenemos algo de Betty por dentro. Eso hace lindo el proyecto porque permite mucha identificación con el personaje, que además trae consigo una reivindicación.
¿Qué es lo mejor y lo peor de protagonizar "Yo soy Betty, la fea"?
Lo mejor es poder llegar a tantos lugares alrededor del mundo; saber que estás alegrando a tanta gente, que le llevas un ratito de emoción. También la noción de que tocamos temas como la ética, la corrupción, la sociedad de consumo, la belleza y la estética, entre otros. Eso, amén de los conflictos de pareja a través de un mensaje con mucho humor. En lo personal, "Armando" presenta un gran reto, es un personaje muy fuerte, muy duro. Lo peor de la novela es que la vida privada se limita. En ese sentido me he cerrado un poco. Los días libres procuro quedarme en casa, leer, hacer un poco de ejercicio y compartir tiempo con mi esposa. Nada más.
¿Qué planes tienes para cuando concluya "Betty"? Supone alguna presión enfrentar el próximo proyecto, luego de una producción tan exitosa?
Todavía queda como un mes de grabaciones. Estamos muy cansados. Anoche terminamos como a las tres de la mañana. Tengo varias ofertas, algunas de cine e incluso otra novela. Varias han venido de Perú y Venezuela. He estado pensando "¿qué voy a hacer después de esto?" Pues no lo sé. Llegué a la conclusión de que la presión... que la tengan los demás. Sólo voy a pensar en hacer un trabajo bien hecho, independientemente de lo que sea. Yo soy Betty, la fea ha sido un trabajo maravilloso, pero igual termina y muere. Adiós. Por más éxito que haya, tendré que decirle "ciao".
Escrito desde Feb 1, 2001, 4:35 PM de la dirección IP 38.27.174.228