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ENTREVISTA A MARCELA VALENCIA POR CROMOS...

by La gerencia (Acceso merche3)
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Por Juan Pablo Lombana Fotos Zizza Barroso
Después de meses de lágrimas y sufrimientos en Yo soy Betty,
la fea, Natalia Ramírez sabe que a su personaje, Marcela Valencia, le llegó la hora de dejar la postración y enfrentar a su enemiga.





El escenario está dispuesto para un enfrentamiento femenino inaplazable, urgente, sin vacilaciones ni remilgos. Los televidentes están dispuestos a recibir una dosis mayor de trampas, agravios y crueldades que ayuden a sublimar la ansiedad acumulada de cada día. El libretista, como siempre, está dispuesto a satisfacerlos. Y ahora, por fin, Marcela Valencia también esta dispuesta. A dar la pelea.
Natalia Ramírez, la actriz bogotana que interpreta a Marcela en Yo soy Betty, la fea y cuya vida no se parece en nada a la de la ex prometida de Armando, ex dueña de Ecomoda y ex mujer segura de sí misma, tiene algo muy claro: que la telenovela colombiana de mayor impacto en el continente se encuentra en un punto de quiebre del cual no habrá retorno -eso que los libretistas identifican como el comienzo del tercer acto- y que a su personaje le llegó el momento de la verdad.
"Marcela es la única víctima de Betty, la fea -dice Natalia- porque Betty, de víctima, no tiene nada". Para recalcar su punto y que no quede duda al respecto, Natalia utiliza un extenso arsenal de herramientas que su personaje no le ha permitido explotar: abre los ojos, susurra, manotea, carraspea su voz de cantante, guarda silencio, espera… y acusa a Beatriz, la ex asistente, de hipócrita. "Ella se las dio de moralista al principio de la historia. Hay que acordarse del episodio del soborno. El país se enloqueció, el Presidente habló, esto fue el caos, y de Betty se dijo que no sería capaz de defraudar a su familia o a su trabajo. Y después falsifica papeles, crea una empresa ficticia, maquilla informes, se acuesta con el jefe sabiendo que está comprometido".
Exactamente el polo opuesto de Marcela, a quien considera una mujer honesta, clara, incondicional y trabajadora. Clasista como la que más, seguro que sí, y por esa razón una mujer que no encuentra solidaridad entre sus empleados, pero una mujer de bien al fin de cuentas. "Betty, en cambio, es una solapada asquerosa", sentencia Natalia mientras arquea la ceja, tal y como lo hace frente a la cámara, como para que no se sepa si es ella o Marcela la que suelta esas palabras.
"MARCELA ES LA ÚNICA VÍCTIMA DE BETTY,
LA FEA. PORQUE BETTY DE VÍCTIMA








Pero si la condición de Marcela Valencia resulta evidente para la actriz, los comentarios que recibe en la calle le muestran que los sentimientos de los espectadores frente al personaje están divididos. Las mujeres casadas mayores de 30 años están de su lado y le gritan, "¡Yo ya pasé por eso! ¡Por favor, váyase de ahí mientras pueda!". Las solteras ennoviadas, por el contrario, están en su contra. Según Natalia, porque tienen que pretender frente a sus enamorados que ellas nunca van a ser así de posesivas, cansonas y celosas. ¿Y los hombres? "Pues todos quieren identificarse con Armando y la corte de modelitos que se consigue".
Estos tres tipos de reacciones coinciden, sin embargo, en querer que la entristecida protagonista cambie de vida o de personalidad. Algo muy bonito y muy progresista, pero sin Marcela no hay triángulo amoroso y se acaba la telenovela. Además, como Fernando Gaitán, el libretista, no es ningún primíparo, le inventó a Marcela un pasado de sufrimiento y lágrimas que la condena a idolatrar al inconstante Armando, quién sabe por cuánto tiempo más. La anécdota apenas se ha insinuado en los libretos pero fue una pista importantísima para la construcción del personaje de Natalia. Resulta que tres años atrás, cuando su papá y su mamá murieron en un accidente, el mundo de Marcela se vino abajo y estuvo a punto de suicidarse. Armando apareció, la salvó y le ayudó a recuperar su autoestima. El costo, desde luego, fue quedar prendada de un hombre que no la ama en realidad. "Por eso es que Marcela prefiere no ver todas las mozas y amantes de Armando, por eso lo perdona y lo perdona, porque ella cree que no puede ser independiente -dice Natalia-. Una de las razones por las que las mujeres perdonan la infidelidad es porque piensan que jamás podrán encontrar otra persona que las ame".
Este es el tipo de impronta sentimental que los escritores de melodramas deben crear para que la historia de cada personaje guarde algo de coherencia con el paso del tiempo. El instinto de Natalia le dice que ante semejante condicionamiento emocional, el final más digno para Marcela sería entrar en un período de soledad muy prolongado, sin Armando ni ningún otro hombre, "porque ella necesita mucho tiempo sola para olvidarlo y para volver a creer en algo o aprender, simplemente, a sobrevivir". Fácil para Natalia decirlo, una mujer que apenas cruzados los treinta años cuenta con una carrera establecida como actriz, cantante y productora de espectáculos, alguien que se lanza a emprender nuevos proyectos con la desfachatez y la desprevención que el mundo del espectáculo colombiano exige. Pero el esquema de las telenovelas no permite que se favorezca lo sensato o lo que resultaría digno y elegante. En lugar del duelo solitario y reflexivo, lo que se impone es un duelo brutal entre dos mujeres por el amor de un hombre; o, para utilizar los clichés machistas que tanto parecen gustar en el medio, una prolongada exposición de uñas, rabietas y llanto.
Natalia no puede asegurar hacia dónde va la historia a ciencia cierta, y en realidad parece que nadie más tampoco, porque están grabando los episodios con apenas tres días de anticipación a su emisión. Sin embargo, incluso para ella resulta poco probable que la compulsión por el triángulo amoroso no sea el eje de la historia durante los meses siguientes. "En tal caso, Marcela no puede atacar de frente porque la honestidad ya la llevó al fracaso", explica Natalia. Cabe la posibilidad, entonces, de que se vuelva hipócrita y busque la amistad de Betty. "Eso podría pasar y sería como en el colegio, cuando el novio se iba con la mejor amiga. Porque las mujeres nunca tenemos amigas, tenemos enemigas aliadas". Así que ahora que Betty y Marcela vuelven a trabajar bajo el mismo techo, pero con un balance de fuerzas mucho menos desigual, Natalia piensa que llegó la hora de ponerse en guardia.
"MARCELA ES UNA MUJER DE BIEN, AL FIN DE CUENTAS. BETTY, EN CAMBIO, ES UNA SOLAPADA ASQUEROSA".




Escrito desde Feb 3, 2001, 4:53 PM
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