Nueve meses después, viene al mundo una nenita para integrar la familia Mendoza Pinzón. La pareja posa con su muñequita.
PERIODICO EL TIEMPO, COLOMBIA
Esta semana termina 'Betty, la fea'
'Yo soy Betty, la fea' termina este miércoles, luego de convertirse en la telenovela colombiana más exitosa y rentable en la historia de su género en el país. EL TIEMPO cuenta detalles de la última grabación.
CARLOS GUSTAVO ALVAREZ G.
Especial para EL TIEMPO
La pareja de recién casados que entró a la habitación 5-47 del Hotel La Fontana, el primero de mayo a las 9:02 de la noche, era feliz.
Armando Mendoza sostenía en sus brazos los 51 kilos de Beatriz Pinzón Solano, su esposa, a quien había conocido veinte meses atrás cuando él era el flamante y hueco presidente de Ecomoda y ella una modesta aspirante a secretaria. La razón de la alegría no radicaba en la evidente pesca milagrosa de la chica, que le hubiera permitido redimir una condición social de la que nunca renegó y cruzarse de brazos para el resto de su vida, cosa que jamás persiguió. Tampoco porque hubiera realizado una gesta olímpica de arribismo y sagacidad, ateniéndose al consejo de Berta, una compañera de trabajo más chismosa que las secciones de cierre de los noticieros: “porque un hombre que se enamora de una fea, y sobre todo una fea tan fea como era usted de fea, no se puede perder”.
No. Había un motivo más profundo. Beatriz se había dado a sí misma la esquiva posibilidad de perdonar a quien la había maltratado, humillado y castigado con algo más hiriente que el látigo del desprecio: el puñal implacable del engaño clavado en su corazón ingenuo. Armando, por su parte, había tocado la hasta entonces ajena alma de la vida, por la vía del dolor, que es una forma inequívoca de desnudar el corazón humano hasta dejarlo en la piel de la humildad.
José Forero, botones del hotel, cerró la puerta. Colgó en la manija dorada una tarjeta perentoria de “Favor no Molestar” y se fue dando a todos noches muy felices. Se hizo un silencio incómodo. Adentro se escuchaba un murmullo y la risa de ganso de la muchacha. Transcurrieron unos instantes interminables. De repente, el silencio fue roto por un aplauso, la puerta se abrió y comenzaron a salir, como de un hormiguero en llamas, camarógrafos, asistentes, técnicos y curiosos.
Entonces, el hada que nunca nadie vio tocó con su varita mágica a Beatriz Pinzón y a Armando Mendoza, que privados del encanto vieron transformarse en calabaza su carroza de ilusiones y quedaron convertidos en Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello. Como si lo hubieran esperado toda una vida, se abrazaron y comenzaron a llorar con unas lágrimas lentas y tiernas, mientras las estrellitas se desvanecían en la noche fría de Bogotá.
Era la última escena grabada por los dos actores protagonistas de Yo soy Betty la fea, la telenovela más exitosa en la historia de la televisión colombiana. Bajo la dirección de Mario Ribero se convirtió en la gallinita de los huevos de oro y en un fenómeno de comunicación de masas sin precedentes, cuya emisión termina el miércoles 9 de mayo, si Dios y Fernando Gaitán, su magnífico creador no disponen otra cosa.
Escrito desde May 6, 2001, 1:04 PM de la dirección IP 24.95.239.67